Muy cebada, no leer.

Y así fue cuando ese día, esa noche, ella supo que nunca se enamoraría, que él siempre seria así. Con su personalidad de siempre, sin cambios para nadie, así él era feliz. ¿Que le tocaba a ella? Nada, perderlo, únicamente, soltar ese sentimiento para no enamorarse, para no seguir sintiendo eso tan fuerte que ya sentía. Evitando todo tipo de acciones futuras, él se lo advirtió, sus intenciones eran obvias, tan directas. ¿Por que ella nunca supo verlas? Por lo menos estar atenta y no hacer el sentimiento cada día mas fuerte. No existía una hora en la que ella no diga su nombre. Un golpe bajo. Y muy duro por cierto. Como si fuera propio, como si yo lo estuviera sintiendo, solo que no fue a mi a quien advertían. ¿O si? Abrir los ojos y darse cuenta de las verdaderas intenciones, DEJAR DE SER TAN INGENUA, le decía a ella. Se creía capaz, pero no, todo el tiempo atrás de él, pensándolo todo el día, pendiente de su respuesta, dolida por no encontrarla. ¿Tanto por él? Dudas existenciales que de repente, vemos como se aclara el panorama, después de una larga tormenta encontramos fin a nuestros pensamientos. Hoy era el día. Hoy deje de hablar de él.