Quisiera haber dicho que si, pero raramente y cotidianamente hablando volví a decir que no, me di cuenta que estaba equivocada que nada funcionaba bien. Ni siquiera mi salud, ni el colegio, ya no importaba el amor, eso iba bien, pero porque dejaba lo demás colgado. Abrí en mi mente, mi pequeño armario, era mi vida.
Dentro estaba todo lo que me rodeaba. Podía controlarlo pero era difícil, veía ahí todo, el colegio y mis notas, mi familia y mis amigos, todas esas cosas que se relacionan sentimentalmente conmigo. De pronto me di cuenta que todas las cosas colgadas con hilos, de repente caían lentro pero con un cercano golpe y fin. Nada valía mas que estar bien, yo y mi armario. Me daba cuenta que si caían, yo caía con todo eso, era parte en todo mi ser. Mi relación.
Nunca quise negarme, simplemente me veía sobre una pared y esa espada llegando a mi, no quedaban dudas o si, o no fue así como dije que no. En esa milésima de segundos que pronunciaba las dos letras, transcurría sobre mi mente toda la historia.
No comprendo a la literatura, yo solo quería aprobar, un día de descuido es igual a la total desaprobación de la materia. No creía que era justo, no fuese justo para mi, pero notaba que no tenia la menor idea de las menciones que hacia esta profesora. De repente cambian los temas, me siento saturada y por mas que se note, estoy cansada. Apenas si pasaron tres meses, yo quería sentirme libre, volver a sentir el verano en mi, la piel caliente y oscura...
a lo que doy a entender es que no aprobé lengua. Por ahora.