Ayer me di cuenta que estaba mal. De repente el invierno llego a nuestras vidas. Volvió después de un largo tiempo, parecía que jamás volvería, pero lamentablemente me di cuenta que estaba acá. Que su presencia ya era notoria. Sentía frío. Quería tener ese abrigo, ese pequeño calor, que hace que no estemos solos. Me acorde, de los viejos tiempos que vivíamos en aquel momento. Quise entrar mi memoria a lo más profundo de mis recuerdos, pero solo recordaba ese calor. Esa compañía. Tenia el placer, de ver todos los días, la sonrisa en mi espejo, esa sonrisa que me hacia ver que en realidad, sentía algo, aparte de mis recuerdos, solo tengo lamentos.
Hoy por hoy entiendo, que nada mas era la fruta de la necesidad. Rara frase, pero sentía la necesidad del hambre, lo consiguió. Cuantas veces veía que todo iba bien, la ingenuidad, tapaba mis ojos, no me daba cuenta. Eso fue ayer.
Otro día que va. Era uno más. Miraba ya casi llovía. Esperaba la vuelta, la nueva etapa de la vida. No me importaba nada más, nada más que su sonrisa. Quería sentirla, volver a sentirla. No solo abría mis ojos y miraba a mí alrededor, sino que caía en que estaba sola, ya lo estaba. Ahora quería volver el tiempo hacia atrás. Miraba las sombras que habían quedado en mi corazón, de aquel momento, recuerdo viejo pero lo veía cercano. No era lejano, sino que estaba ya, fuera de mi alcance. ¿Por qué pensaba que era imposible? Perdón, aun pienso que es imposible… ¿pero que es lo imposible? Sentirse así, incapaz de poder llevar a cabo tus sentimientos, de ya perder el control total de tomar tus decisiones sin que te duelan, capaz pensaba que con algunas cosas podía sanar o curar, esto que llamo pena.