Mentiras; escuchábamos solo mentiras. Éramos sordos a la realidad, solo eso nos entraba en la mente, mentiras. Encontramos un motivo por el cual creer en lo que no era nuestra verdadera realidad, si, era ese el motivo, que mintiéndonos teníamos felicidad artificial, pero al fin y al cabo felicidad. Si abríamos nuestros oídos y ojos a lo que en verdad nos tocaba, la realidad que habíamos conseguido, era para peor. No íbamos a tener felicidad. Era eso lo único en lo que nos fijábamos, nuestra felicidad, el bien nuestro. En realidad lo que no podíamos ver era que estábamos mal, muy mal, tan mal que si teníamos vista la realidad, acabando con ese “nosotros” íbamos a sacarnos el peso, ese peso que teníamos, la responsabilidad que llevábamos. Cargábamos con mucho, con otra persona, con la tolerancia, respeto, amor que había que dar, nada de eso cumplíamos, solo nos importaba decir, tengo una relación con tal persona. Decidimos abrir los ojos, para cortar con esa ceguera que ya nos resultaba molesta a ambos, llegaba un punto que no teníamos mas todo el deseo feliz, porque de a poco veíamos luz. Casi sin darnos cuenta ya no tenemos nada del otro, paso de un nosotros, a un yo, y muy seguro de si, pensando solo en un futuro, cercano y tratando de dejar todas esas cosas que hacían a nuestra felicidad artificial, pero linda felicidad que habíamos conseguido, dejando uno por uno todos los sentimientos que para nosotros eran de amor.